Nell (con la camiseta azul) y yo con dos de las chicas de la carcel de menores, en Budapest, en Marzo 2008
El anio pasado en Navidad fuimos a la carcel de menores para chicas aqui en Budapest. Y por un par de meses fuimos cada dos semanas, a ensenar ingles, danza y hacer actividades con las reclusas.
Yo estoy acostumbrada a estar con ninos y jovenes. Donde sea que voy siempre termino haciendo amistad con los pequenos. Pero en este instituto de menores me encontre con las chicas mas dificiles que jamas he conocido. Son chicas con muchos problemas y no se abren a nada ni nadie. Casi no sonrien, no saben participar en grupo y yo me deje intimidir por ellas.
Desanimada conmigo misma, por no poder derribar los muros entre las chicas y yo, deje de ir al instituyo aquel y me concentre en otros proyectos, donde mi presencia hacia una diferencia.
Hace unas semanas me encontre en una parte de la ciudad a la que nunca voy. Fui con los jovenes del Centro donde vivo, a cortarse el pelo. Cosa de todos los dias, nada de extranio en eso. Mientras esperaba a que terminaran de cortarse el pelo, Nell, mi amiga de 15 anios y yo fuimos al parque y nos sentamos en el sube y baja. Se nos acerco una nena preciosa con el pelito rizado. Le ofrecimos un dulce y ella se sento con nosotras. Nos dijo que se llama Amanda y tiene 4 anios.
De repente todos los ninos que jugaban en el parque se nos acercaron y se sentaron al lado nuestro. Les hicimos preguntas y nos hicimos amigos de todos.
Era casi hora de irnos, cuando se nos acerco la madre de Amanda. Y con ella otra joven que me parecio haberla ya conocido. Imagina la sorpresa que nos dio, cuando ella nos dijo que si nos habia conocido en el instituto de menores. Hablamos un rato, nos excambiamos telefonos y quedamos en escribirnos.
La verdad es que casi no me recordaba de ella. Era una de las jovenes que nunca quizo participar en nada, sino que se sentaba en la ventana y miraba para afuera, como un pajarito en jaula. Y yo nunca pense que se recordaria de nosotros; nunca crei que valia la pena.
Yo no creo en coincidencias, mas bien en el destino. De todos los lugares donde podria haber estado ese dia, me encontre ni mas ni menos en el parque donde va esta chica. Y de todos los ninios ahi, conocimos a Amanda, y fue asi que nos encotramos con Gizella. Dios queria que fuera asi, para hacerme ver que cada acto de amor, vale la pena, a pesar de que no siempre paresca asi.
Hay ciertos encuentros importantes—este sin duda fue uno de ellos. Y nunca mas voy a decir que no hace diferencia, pues uno nunca sabe cuan lejos puede ir un poquito de amor.
